2017

Debería haber comenzado el año dando brincos, lanzando vítores o al compás de danzas tribales, pero no hice nada de eso a pesar de lo mucho que necesitaba un cambio al dígito impar. El innombrable odioso año anterior consiguió incluso aplanar mi usual inquietud, así que entré en 2017 discretamente, y lo reconozco, con cierta turbación que me contuve expresar.

Y es que estuve a punto de morir el año pasado, como lo leen. Mis 4 repipi años de existencia estuvieron a punto de ser tirados por la borda por un quítame allá ese personaje, como si las confidencias compartidas, los debates protagonizados, los excesos de mi imaginación y, ¿por qué no reconocerlo?, alguna que otra mentirilla sin importancia, no hayan servido para nada. Adiós a mis Crónicas y a mi Olimpo… Me salvé gracias a un patatús de nostalgia, y aquí estoy, como ven.

Pero no, no tengo nada que agradecer al año anterior. No ocurrió nada bueno, no tengo un mínimo pensamiento condescendiente para con esa etapa, no hay un “lo pasé mal con tal, pero esto lo compensó”. ¡No!. Todo fue feo y fue mal. Odio ese año, tanto, que no me pienso molestar ni en escribirlo.

¿Qué va a pasar en 2017? No lo sé, pero tengo miedo, tengo mucho miedo. Estoy continuamente cercenando todas las ideas que me sobrevuelan y que implican un plan futuro, por si se tuerce y se enrosca mal. Y ya me lo han estado aconsejando, vivir así, sin ilusiones, no es sano. Pero las secuelas no se curan fácilmente cuando una ha visto el abismo tan cerca. Me gustaría ser tan ligerita de cascos como Doris Day con su “qué será, será / whatever will be, will be”, pero tendrían que hacerme nacer otra vez y modelarme a modo irresponsable. Por el momento, me conformo con ser una superviviente.

Ya os iré contando. 

Saludos desde El Olimpo,

Afrodita Repipi

 

 

 

Amor 1.1

“Cariño, hace diez años supe que no solo quería ser tu novia, sino que quería ser tu compañera de viaje de por vida. Hoy hace 10 años que nuestros corazones se unieron y han sido los mejores años de mi vida, con los momentos duros que tú sabes que hemos vivido, pero también con muchas satisfacciones. ¡Te amo xxxx! ¡Nuestra primera década juntos!”

Sí, queridos, seguro que todos hemos sido alguna vez audiencia obligada de mensajes de este tipo, con mayor o menor pompa y/o faltas de ortografía. A mí aún me dejan perpleja, que conste. Será porque no frecuento muchas redes sociales que den cancha al tema (léase, Facebook), será porque no logro digerir el amor 1.1 .

Y es que parece que, si no dejas pública constancia en muros, tuits y demás posts de lo mucho que quieres a tu parejita, simplemente tu amor no existe, o vale menos o, sois unos raros marcianitos.

¿Y a mí que leer estos despliegues sentimentales me producen vergüenza ajena?… El amor es un sentimiento tan íntimo, tan de dos, si me lo permiten. Qué le importa a nadie lo que yo quiera o deje de querer (bien pensado, más práctico resulta divulgar una declaración de “te odio”, al menos se consigue circular que se tiene el corazón vacante).

¿Realmente escribe uno estos mensajes a su pareja o al público? Yo me decanto por lo segundo. A la pareja se le susurra al oído, se le funde de pasión con la mirada, y si quieres dejar testimonio escrito, algunas antiguallas, entre las que me encuentro, aún le escriben cartas de amor. Facebook, per se, es para dar a conocer lo que sea a las masas agregadas como amiguitos, y, seamos honestos, también para fardar. Y lo peor es que el tema no termina con tal paladina declaración de amor, sino que a semejante indiscreción le siguen los palmeros que se sienten, vete a saber por qué, con la obligación de festejar el sentimiento ajeno:

“K bonito, me alegro”

“Q envidia me dais”

“Da gusto veros”

Llegados a este punto, queridos, es cuando me acuerdo de ese meme, el famoso arcoíris vomitón:

meme-vomitando-arco-iris

Qué se le va a hacer…

Saludos desde El Olimpo,

Afrodita Repipi

 

Mandriles

Leo el tuit y la noticia: https://twitter.com/pablo_iglesias_/status/798254466449412097 y se me viene sin remedio a la cabeza un “solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente“, a modo de justificación, entiendo. 

Cierro los ojos y veo a la anciana, sus últimos momentos antes de expirar, despavorida, aturdida, impotente. Y sola. No fue siempre así, antes de esos 81 años con los que se despidió, fue probablemente un bebé querido, una niña que jugaba despreocupada en la calle, una joven consciente, una mujer que salía a la compra, hablaba con vecinos, reía, protestaba. Una anciana a la que la sociedad le ha fallado, abandonándola a la suerte de multinacionales indolentes al ser humano, esclavas de su balance anual consolidado, del dividendo al accionista y del diezmo al político de turno. 

Ya con la moral machacada, continúo leyendo y compartiendo. Me encuentro a individuos con la sensibilidad de un mandril o aquellos quienes me intentan convencer de que el estado de bienestar ha muerto, ajá. Y pese a tan aparente disparidad, un denominador común hay en todos: miedo. Ese que te hace pasar indiferente por la puerta de tu vecina de 81 años que lleva meses viviendo sin electricidad, observando la noche con velas, el que te paraliza frente a unos gobernadores a los que les estimulas para que te roben, el que te hace mirar al otro lado y tolerar que uno se muera desahuciado y sin un mínimo de dignidad. 

Continúa la canción martilleando mi cabeza … “que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente“.

Saludos muy tristes desde El Olimpo 
Afrodita Repipi 

Hygge

Probablemente en los últimos días ya hayáis leído algo acerca del tema, el término, de dificultosa pronunciación, a mí me ha dejado ciertamente intrigada: hygge. No voy a reproducir los muy numerosos artículos que se pueden encontrar sobre el tema, dejo aquí algunos enlaces:

El País, 24 marzo 2016
http://smoda.elpais.com/belleza/hygge-secreto-danes-la-felicidad/

 El País, 16 octubre 2016 (se ve que a los de El País les va el tema)

http://verne.elpais.com/verne/2016/10/06/articulo/1475774414_885443.html

 Y este link de un blog con fotos requete-hygge, 1 septiembre 2016

http://happinessypunto.com/hygge/

 Para quien no tenga ganas de leer, resumo diciendo que hygge es lo que vulgarmente se suele argumentar como “estar de pxxa madre” , pero en danés. Y como en por ahí sois como sois, si viene de Dinamarca, tiene que ser mejor, sí o sí. Aunque tampoco conviene subestimar la cuestión, porque Dinamarca, ese país, conocido por…ejem….por… “La sirenita”… (¿?), es machaconamente el país más feliz del mundo desde que a alguien se le ocurrió medir la felicidad de los países (y hacer más evidente a los burundeses que viven en el país más triste de la Tierra). Aquí está el link con todos los datos estadísticos en los que se basan para decir que España, el país de la jarana y la paella, el sol y la siesta…ocupa un mísero puesto 37:

 http://worldhappiness.report/ed/2016/

 ¿Pero realmente se puede medir la felicidad? A quien entienda la felicidad como yo, como lapso puntual, más que como un estado general, les puede chocar la idea de una felicidad métrica. Basándome no estadísticas, ni en filosofías aristotélicas (valor tengo…), sino en la burda experiencia, puedo decir sin sonrojo que no creo que un individuo en Copenhague se levante por la mañana necesariamente más feliz que otro en Buyumbura, por la simple y mera razón de que la percepción sobre la felicidad es individual, egoísta, personal. ¿Qué me hace a mí feliz? Pues nada de los parámetros que refleja el estudio. El Olimpo está impoluto en cuanto a corrupción, hay libertad, consumismo, …y sin embargo…mis instantes de felicidad no van por esos derroteros, sino que me lo provocan ciertas presencias, una buena discusión, o simplemente un baño en el mar. Quizá lo del mar lo tengan complicadito en Burundi, pero el resto se obtiene en igual proporción estemos donde estemos, a veces basta con querer sentirse feliz.

 Seamos serios por una vez. La felicidad no puede ser simple estadística, ni es clasificable, ni cartográfica. Es un período complejo, privado, si se quiere hasta dominable, no la reduzcamos por favor a modas cutres de revistas ídem. Hygge, ajá, pues no me vale.

 Felices saludos desde El Olimpo.

 Afrodita Repipi

 

Mala, mala, mala

En lo que llevamos de 2016 creo que ya puedo decir, sin temor a que las estadísticas me fallen (oh là là … ¡las estadísticas!) que el número de decepciones que me estoy llevando ha superado “desproporcionalmente” al número de satisfacciones. Tanto es así, que creo que voy a abandonar en 3, 2, 1…0 esta etapa de buen “rollismo“, que no sé a santo de qué me dio por cultivar. ¿Sabéis de alguien muy bueno, muy bueno, a quien la vida le haya sonreído constantemente? ¡Yo no!, ni en la ficción, vaya. 

Este no es un tema banal, aunque así al tajo verdulero como yo he entrado, lo pueda parecer. El instinto primario de supervivencia nos hace aplastar al adversario y eso es así desde el principio de todos los tiempos. Luego vino el temita judeocristiano a liarnos: que si la justicia, que si el pecado, el más allá y el blah, blah, blah. 

Nunca me ha gustado adoctrinar, pero, por una vez háganme caso, sean falsos, claven puñaladas traperas y piensen en sí mismos. No hay otro camino para el éxito, queridos. Porque a la conciencia se la amaestra fácilmente, pero un corazón decepcionado, es un peso que se lleva a cuestas mucho tiempo. Ser malo también te lleva a ser más precavido por si te topas con alguien peor que tú, con lo cual la mezquindad nos lleva a la dimensión perfecta en la que todas las piezas de tu vida encajan.

Pues ya me estoy encontrando mejor, hasta el punto que me repampinfla , el fútbol, las elecciones, la democracia y todo lo demás. 

Termino parafraseando a Pedro Sánchez:

Argh…  

Saludos perversos desde El Olimpo,

Afrodita Repipi

Distorsionando a Rousseau

Había dos rosas secas en su escritorio, dos por cada año que había pasado desde la última vez que recordaba ser feliz. Por cada revés que le daba la vida, supo ser relativamente valiente, no se sonrojó cuando se tuvo que humillar, ni se acurrucó en lágrimas las noches de mayor pesar. Cumplía rutinas para sentirse seguro, se encomendaba a aquel Dios tan esquivo cuando necesitaba mayores fuerzas, y miraba al cielo cuando viajaba buscando la sonrisa de lo que él denominaba “los que se fueron”.Hoy masticaba a solas el almuerzo frugal, mirando a aquellas rosas mustias, cuando una idea le invadió el cerebro, como un cáncer arrasando las últimas células de fe que aún albergaban su alma: “estoy solo”, pensó. Y repitió con voz débil, pero audible: “estoy solo”.

Siguió desgranando curioso ese nuevo sentimiento, recordando los años pidiendo un rayo de luz a un Dios que simplemente no se manifestaba, justificándole, que “como estaba el mundo” no podía exigirle clemencia. Se sintió ridículo por el mercadeo mantenido con Él durante aquellos años de súplica, por sus “si me sacrifico, Dios me recompensará”, ¿quién le envenenó con esa lógica absurda, imposible, a todas vistas, ineficaz?.

Pensó en sus conversaciones con el cielo, hablando a solas a…¿su padre?, ¿a su abuela? … o simplemente, ¿a la nada?. Ellos se habían ido hacía mucho tiempo, habían muerto, punto. Si su padre, que le adoraba, hubiera sabido de sus tribulaciones, ¿le habría dejado, así, abandonado, abatido, indefenso?, ¿su abuela, habría estado ignorando sus ruegos durante dos largos años? Absoluta y tajantemente no. Tan solo no llegó el mensaje, porque cuando se fueron, se acabó todo, no quedó nada. Maldijo a su madre con esas ideas absurdas, cuando menos, indecentes, proyectando una nueva vida y poder infinito a los que se habían ido. Supersticiones, quimeras, fetichismo, nada era verdad, excepto que estaba solo, y a partir de ahí, tenía que actuar. Que no iba a llegar el golpe de suerte, que ni había dios, ni santos, ni nadie más allá que él mismo podía hacer algo para escapar del atolladero en el que se encontraba.

Resuelto a concentrar sus esfuerzos no en el más allá, sino en el acá inmediato, recogió las rosas secas, las destrozó con desprecio, y en contra de lo cualquiera pudiera esperar, se sintió liberado. Para ser malvado, porque si no había un Dios compensador, ¿iba acaso a existir un Dios castigador?, para retar los principios familiares, su padre ya no estaba para tener que respetar nada, y para odiar a todo el que le había hecho la vida peor, que en el cielo solo había nubes, que todo lo más, descargarían lluvia, pero ninguna ira sobre él.

Y así fue cómo la realidad venció y convirtió a nuestro protagonista en un ser abominable. No se asusten, sucede todos los días.

 Saludos desde El Olimpo

 Afrodita Repipi 

Arrugas en el alma

Regresaba a casa, cuando tuve que compartir habitáculo con dos niñas, de edad prepúber, indefinida. Pero ambas, se veía claramente, con el único objetivo de aparentar tener cinco o diez años más. Contemplar esos gestos estudiados, falsos, grotescos, en esas caras tan infantiles me retrotrajo a mi lejana infancia, cuando conocía a más de una niña con semejantes ínfulas, mientras que yo, aún jugaba con mi adorada Barbie o acaso mantenía intacta y bajo llave a la desesperanza que acompaña, parásita, al ser adulto.¿Para qué tanto afán por crecer? 

Ya eres mayor, y te das cuenta que aún eres vulnerable, que los problemas son más difíciles de solventar y sobre todo, da vértigo pensar, que eres tú, y no papá y mamá quienes los va a enfrentar. 

Ser adulto, ser maduro, ser mayor… Es todo un fastidio. 

Saludos desde El Olimpo

Afrodita Repipi