Abril

Terminaba la tarde, y entre sorbos de aire enredamos la conversación hacia aquellas historias que se nos habían quedado a medio camino entre el alma y la razón. Bromeaba él,”que solo había leído a Goethe”, recobraba mi adusta postura yo, detallando nombres, circunstancias. Entre beso y beso, me hacía reír con sus parodias del desdichado Werther, le asombraba yo con la procacidad de Pármeno y Sempronio, los agravios a Doña Elvira y Doña Sol o el desafiante Zalacaín. 
Y la noche llegó, relatándole el beso de Pepita Jiménez al seminarista. Y él, que enredaba sus dedos en mi pelo, me pidió “cuéntame más”, y yo solícita, le recitaba: “¿Hacia qué hondón sombrío me convida,desplegada y astral, tu cabellera?¡Amor, amor, principio de la muerte!”.

La impertinencia del que vino a cobrar la consumición, paró en secó mi descripción de la amarga melodía de Seoane en el café de Doña Rosita. Él a su vez, le entregó una mirada airada con la furia de Alatriste, le admiré entusiasmada y allá nos fuimos aquella noche, de la mano…

Termina abril de ficciones. Que termine ya, que vuelva la realidad.  

 Saludos desde El Olimpo.

Afrodita Repipi

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