Modernos y modismos 

Aún siendo una diosa disciplinada, rara vez sigo el consejo de quien me pide tantas veces: “no pienses tanto“. Ay… hoy lamento mi rebeldía… Porque este zumo de materia gris que estoy desperdiciando solo me está sirviendo para sentir miedo. Un miedo absurdo, realmente, pero que me provoca desasosiego en cualquier caso.

Me he pasado la semana siendo testigo de encarnizadas batallas dialécticas -y no tanto- por las que se estigmatiza a quien simplemente, no piensa según dicta la corriente actual de lo políticamente correcto. Alguien casi fue linchado al defender que le gustaban los toros ¡con dos pares!. Los verdugos, que iban en masa, no parecían, sin embargo, tener reparos en zamparse un pollo con salsa barbacoa, que, curiosamente, no disfruta de mejor vida que un toro de lidia. Pero, nos basta con ignorarlo, mirar a otro lado y condenar al torero, que es tendencia. 

También se habló de las mamás que dan de mamar a su precioso bebé en público: en el parque, en el metro, en el restaurante, en la cola del supermercado, comprando el pan, en la peluquería, en la playa, en el monte, de escalada, haciendo puenting…. hoy en día hay una especial predilección porque los bebés mamen en cualquier sitio menos en la tranquilidad de su hogar. Pero ¡ay del que manifieste que eso le molesta! Hay que ser muy recio para atreverse a defender esa postura, que conlleva sí o sí que a uno lo tachen de retrógrada, cuanto menos. En este debate, algunos planteamos la posibilidad de mostrar otras partes del cuerpo, de las llamadas pudendas, por igualar la escala de naturalidad y “buenrollismo” que el mamar genera. Pero nos miraron raro. 

El caso es que no hace mucho, por ejemplo, estaba mal considerado que la mujer trabajase fuera de casa, que era de pobres o de progres. Hoy en día, la que decide ser ama de casa por voluntad propia, lo admite de tapadillo, con sonrojo. En otros momentos de la historia sucedieron con cotidianidad, situaciones, pensamientos y actos que sonrojarían a la mitad de los participantes de un desfile del orgullo gay. Pero entonces estaba bien y hoy ya no, ¿dónde está la verdad, pues?.

Cuando el sofisma se hace dogma, a mí me da miedo. Me produce intranquilidad que no se deje una rendija abierta a la relatividad de los asuntos. Que se ignore el pasado con gracia rumbera. Que te dejen tatuado el sello de reaccionario, rancio, obcecado, porque simple y llanamente no sigues las modas. 

Y sobre todos estos litigios pienso y pienso y pienso … Ya lo sé, ¡demasiado!. ¿Por qué Afrodita eres tan complicada si hoy en día darle al coco solo lo hacen los bichos raros? Pues…cuando insistas en preguntarme eso… ya sabes lo que diré:

Saludos desde El Olimpo

Afrodita Repipi

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