Sonochada

Ese a veces corto -a veces insoportablemente largo- momento que lleva de la vigilia al sueño lo solemos emplear unos en hacer listas, otros en hacer planes, otros en imaginar, en aliviar la carga del día o en hacer balance del mismo. Esta noche soy de estos últimos, y es que hoy me he topado con dos amigos que lo están pasando mal, cada uno por diverso motivo, y ahora, al entornar los ojos ya agotados, no puedo evitar preguntarme por cómo estarán en su período de duermevela, si habrán pensado en mí (egoísmo manda), si les habré sido de alguna utilidad. Es difícil trasmitir confort a una persona, nunca encontraré la medida equilibrada entre el saber estar tan solo ahí, y el de la ayuda eficaz, práctica, de calidad. 

En los minutos antes de desaparecer, me persiguen pendientes laborales, respuestas a compromisos sociales, echar de menos a ti, y a ti y a ti … Agarrarme a la respiración que tengo al lado y especialmente en esos dos segundos antes de que me lleve Morfeo, sentir la mirada azul, la sonrisa de cinco años. Ya me puedo ir.

Buenas noches desde El Olimpo,

Afrodita Repipi

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