Miserables

Rara vez suelo comentar lo que fue noticia, por esa manía mía de ir a lo mío, pero hay temas que me enervan. Quien ayer y hoy haya estado atento a las noticias, supongo que ya conocerá los resultados de la Macroencuesta sobre Violencia de Género en España. 


Más información, aquí en este artículo del periódico El Mundo


http://www.elmundo.es/espana/2015/03/31/5519c967268e3e79758b4579.html


Realmente no hay periódico hoy en España que no dé a conocer la noticia. Hago notar este artículo porque es el que más me ha gustado y porque al margen de las cifras de la encuesta, el periodista,  RAFAEL J. ÁLVAREZ, dice algo más. Y agradezco infinitamente que haya alguien que se salga del guion de las simples cifras. ¿Sabes? Quizá hoy vayas sentando en el tren hacia tu trabajo, o estés comprando el pan en el sitio habitual, o tecleando el ordenador en tu oficina, como cada día, y no sepas que tengas al lado a una persona que vive con miedo, al levantarse, al acostarse e incluso al dormir. Y que esto es así porque en su vida apareció un desgraciado que decidió que tenía que aterrorizarla, tan solo porque sí. Pues de eso va este artículo.


No hace muchos años, te sentabas en un restaurante y podías estar degustando el solomillo con el tufo del cigarrillo del comensal de al lado, y te tenías que aguantar, eso hoy en día nos parece una aberración. Afortunadamente hemos adosado a nuestra cultura –unos más que otros- que fumar en un restaurante no solo está prohibido, sino que es perjudicial para con el prójimo. La violencia contra las mujeres, quisiera ser optimista, algún día debe parar, ¿es tan difícil ser conscientes que someter no es amor?. Me temo que sí, me desespera ver que hay gente que condena, faltaría más, al que mata a su mujer, al que la zurra, al que la insulta en público, pero sin embargo, no ve violencia en hombres que, como relata el artículo:


“…  impiden que sus mujeres se relacionen con sus amigos, amigas o familiares, que insisten en saber dónde está la mujer en cada momento, que la ignoran o la tratan con indiferencia, que se enfadan si habla con otro hombre o mujer, que sospechan injustificadamente que le es infiel o que la obligan a pedirle permiso para ir a algunos lugares…”


Si estás leyendo esto y alguna vez te han impedido cualquiera de estas cosas, desengáñate, no te aman, te están tratando mal o combinemos estas palabras, te están, simplemente: maltratando . Si estás leyendo esto, y tratas así a tu pareja, estás ejerciendo violencia doméstica. Y aquí, no ha lugar a interpretaciones, el primer componente del amor es la generosidad, no el sometimiento, eso es simple y  miserablemente violencia. Punto. ¿Desde cuándo reprimir a una persona es amarla?


No voy, no quiero, añadir más que cualquier medio esté haciendo infinitamente mejor que yo. Pero quedarme con los brazos cruzados, tampoco voy a hacerlo, mi tolerancia se reduce a cero ante estos casos. Ante quien inserta gracietassobre maridos celosos, a quien frivoliza sobre una hostia a una mujer, a quien llama calzonazos o cornudos a los verdaderos hombres, que sin duda alguna son los que saben vivir el amor con independencia y confianza, a los que descalifican a una mujer por ejercer su libertad.


Insisto, si eres mujer y lees esto, piénsalo, no nacimos para ser víctimas, nacimos para ser respetadas.


Saludos desde El Olimpo


Afrodita Repipi

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