Los pasteles de Gloria

“Haz galletas”, ese es el consejo que le doy a mis amigos cuando tienen un día marrón. Podría parecer una respuesta trivial, de acuerdo, pero ¿no recomiendan siempre mantener la cabeza ocupada, realizar cualquier actividad que te guste etcétera, ante una depresión?. Pues, hala. ¡Qué mejor que cocinar!, para lo que no se requiere tener especiales aptitudes, como para otras artes, como la pintura, y demás, porque si la naturaleza no te dotó de un  gran talento artístico, la tristeza se puede incrementar en función del churro que obtengas como resultado. La gastronomía además es práctica y siempre habrá algún Carpanta al que le apetecerá comer lo que hayas hecho, sea cual sea el bodrio que te haya salido.

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A la exbailaora La Chunga la animaron con la pintura. Arte naïf lo llaman, lógico.

Los efectos de las cualidades de la cocina en el espíritu los expuso maravillosamente esa escritora tan poco prolija como es Laura Esquivel en “Como agua para chocolate”, un libro más que recomendable (o al menos más que la película homónima que le filmó su esposo, qué apañado él). Y  qué decir de las recetas de Isabel Allende en ese libro en el que me gastan el nombre de tanto usarlo, hablo, claro de  “Afrodita. Cuentos recetas y otros afrodisíacos” (guiño, giño, guiño).

A mi diosamiga Gloria, ahora se entenderá el porqué del título, le vino el idilio con la cocina a modo de terapia también. Tras un corto romance con quien parecía ser la pareja ideal, dadas sus circunstancias, el sujeto en cuestión comenzó a dar muestras de faltarle algún tornillo, empezando a sospechar sin fundamento alguno, que ella le mentía o le era infiel, increpándola e interrogándola a cada comentario o modificaciones de lo que él suponía, debía ser la rutina de Gloria. Una y otra vez ella le perdonó, hasta que la osadía de él llegó al extremo de pedirle a mi amiga que le “jurase” por su hijo -el de Gloria- que nunca le había mentido. Hay límites que nunca se deben traspasar, y si el requerimiento ya era digno de un arrabal folletinesco, del que creedme, Gloria se encuentra bastante lejos, la mención de su hijo fue la gota que colmó el vaso de su paciencia. Así que dio carpetazo al hombre-paranoia, y como suele suceder cuando sumas una decepción más al saco de tu vida, Gloria se encerró en sí misma. Por inverosímil que parezca, había llegado a amar a aquel sujeto, se encontraba dolida y rota, y casi sin planearlo entre lágrima y lágrima, empezó a ojear revistas de cocina, probó a hornear una tarta y luego, otra, y otra…su producción pastelera se multiplicó en proporción inversa a la capacidad de engullir de Gloria y su retoño. En vista del excedente de dulces,  comenzó a llevar pasteles al trabajo, y de ahí a amigos y a vecinos. Su calidad ha llegado a tal extremo que Gloria es la invitada codiciada en fiestas y demás eventos por lo bien que las surte, y como ella misma me ha comentado: al preparar la masa de mis pasteles hallo la serenidad para meditar mis estrategias, en el horneado el tiempo para jugar con mis posibilidades, en la fase de decoración la forma de demostrar mi creatividad y el momento de la degustación combina esos deliciosos nervios de la primera vez, porque cada dulce es un reto. Enigmática Gloria…

Mis recomendaciones culinarias no son nada novedosas a juzgar por la cantidad indecente de concursos televisivos, revistas y demás fascículos y coleccionables con los que nos invaden hoy más que nunca. Esto me hace pensar que o en el mundo occidental tenemos muchos días marrones, o se trata tan solo de una moda, o ambas respuestas son válidas. Provechosa moda, eso sí, pero sin abusar, no soporto los concursos de niños entre fogones, qué estrés, tan pequeñitos, los niños deben estar jugando, no en la tele fingiendo ser adultos. ¡No soporto de hecho los concursos de cocina! Sencillamente porque la competición arruina el placer de cocinar.

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Streuselkuchen con fresas.

Para terminar, tanto si eres poco, como si eres muy iniciado, aquí la primera receta que utilizó Gloria para espantar la tristeza. Se trata de una tarta con historia: el Streuselkuchen (se pronuncia así /echtroiselcujen/). Es una famosa especialidad alemana, aunque originaria de la región de Silesia, al oeste de la actual Polonia. Y no, no es que los alemanes robaran el pastel al ocupar (¿cuántas veces?) Polonia, tan solo es que parte de Silesia fue alemana (y parte checa) hasta la Segunda Guerra Mundial. Vamos pues, con los ingredientes, que podemos dividir en tres partes, pero son muy muy fáciles de preparar:

PARTE 1: la base

Un molde de unos 18-23 cm de los que se usan para tarta de manzana, que se deberá engrasar.

100 gr de mantequilla a temperatura ambiente.

1 huevo a temperatura ambiente.

75 gr de azúcar normal.

250 gr de harina (tamizar al incorporarla a la masa).

 8 gr de levadura en polvo (tamizar junto a la harina).

1 cucharada de leche.

1 cucharadita de extracto de vainilla.

1 pizca de sal.

Preparación: mezclar por orden todos los ingredientes, hasta obtener una masa, consistente pero no dura, hacemos una bolita que se cubre con papel film y al frigorífico media hora.

PARTE 2: el relleno

Admite casi cualquier fruta, tipo ciruelas negras pequeñas (que habrá que cortar en trozos), cerezas, fresas, moras, arándanos.., solas o combinadas. Unos 400-500 gramos, quitar los huesos si los tienen, dejarlas macerar con unas tres cucharadas de azúcar también 20-30 minutos.

PARTE 3: EL Streusel o las migas

150 gr de harina (tamizar al incorporarla a la masa).

100 gr de azúcar.

100 gr de mantequilla a temperatura ambiente.

1 cucharadita de extracto de vainilla.

1 pizca de sal.

Preparación: Igual que antes, mezclar todo por orden, amasar con la manos, pero en lugar de obtener una masa ligada, se deben obtener unas migas. Reservar también unos 10-20 minutos en el frigorífico, en el mismo recipiente que hayáis usado para la mezcla.

PREPARACIÓN FINAL: Se precalienta el horno a 170° con calor arriba y abajo y sin ventilador. La masa de la base se extiende sobre el molde, previamente engrasado, se echa el relleno de frutas (incluyendo el jugo que haya soltado) , y se cubre con las migas. Se lleva al horno unos 45 minutos hasta que se vean las migas doradas. Nada más sacarla, espolvorear un poco de azúcar glas por encima (opcional), y esperar a que se enfríe antes de comer. Como suele pasar a las tartas con relleno de frutas, está mucho más buena al día siguiente, así que es una buena opción para hacer un viernes si queréis merendola un sábado.

Dulces saludos desde El Olimpo

Afrodita Repipi

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