LAS EDADES DEL DOLOR*

Leí en alguna parte, o quizá lo imaginé, la memoria lleva traicionándome toda la vida, una frase que venía a decir algo así como ”nunca pensé que la pena pudiera causar dolor físico”. Esta sentencia digna de folletín, esconde sin embargo el camino por el que, según me cuentan, parecen ir los científicos que estudian el dolor. A saber, y dicho llanamente, al cerebro le dan lo mismo las churras, que las merinas, e igual nos hace sentir dolor físico por tener hambre que a causa de que nos abandone el novio o la novia. Pues muy bien, éramos pocos y… la abuela y sus cositas.

Lo que no he llegado a leer nunca, tampoco lo he buscado, es la evolución temporal del dolor emocional. A tiernas edades, no creo que nadie se pare a pensar en ello, suficiente lidiar con la revolución hormonal. Pero cuando se alcanza cierta madurez ¡te duele todo! excepción hecha a los psicópatas a quienes, como todos deberíamos saber, no les duele nada, incluido ver recientemente cómo asesinan caricaturistas y policías en directo y quedarse como el que ve llover .

No sabría hacer realmente un ranking evolutivo de dolores, obvio que la muerte o enfermedad de un ser amado lideran la lista de sufrimientos. Pero no es a lo que me refiero, hablo de la congoja cotidiana, esa que a los cinco años puede hacerte sentir un dolor de estómago al separarte de tu madre por tener que ir a la escuela, yo aún lo recuerdo, me tenía que soltar de su mano en la puerta de la clase y mi universo se desplomaba; o ese tormento que a los quince te hacía incrementar los cráteres faciales, si veías precisamente a tu madre esperándote en la puerta del colegio. Contradicciones del ser humano.

Luego llegan dolores más enrevesados. Como la pérdida de prestigio, que me parece una de las aflicciones más absurdas que se pueden sentir porque el crédito se lo fabrica uno mismo, aunque he visto a mucha gente sufrir exageradamente por esta causa, llegando a experimentar desde depresiones, hasta envejecimiento prematuro. Otro ejemplo, la tortura que se siente por ser testigo impotente del dolor ajeno, este es un daño infinito, se sufre por un hijo…no lo puedo evitar, me viene a la mente esa canción de Víctor Manuel, La Madre, “…qué te puedo dar, que no me sufras, qué te puedo dar, que no te hundas…”, se sufre por la incertidumbre en tu país, creo que no hace falta mencionar ejemplos, se sufre cuando ves que la gente pierde oportunidades únicas para ser mejor, y hasta se experimenta dolor físico cuando se ven las noticias, y para ello no hace falta ser hipersensible, tan solo “ser”.

Y entre los dolores de andar por casa, priman otros atemporales, los que uno siente desde los cero hasta la edad que pierdes las entendederas. Hablo, por ejemplo, del suplicio que se siente al perder un amigo, yo lo padezco personalmente mucho más que perder a un amor, que de eso realmente se llega uno a recuperar. El extravío de un amigo es como una mutilación, porque un amigo es parte de ti, se va, se lleva su trozo. Y así te quedas, con un porcentaje menos de ti, rumiando penas que nunca sanan. Y también, ¿por qué no?, perder algo material, querer tus cosas es algo muy legítimo, no sé por qué tiene tan mala prensa, un objeto puede ir cargado de muchos recuerdos, o simbolizar la fuerza de la que crees careces. Lo pierdes o te lo hacen perder, y se te encoge el alma por miedo a quedarte sin el impulso que te daba o porque la memoria te retrotrae lo que aquel material desaparecido guardaba.

Ojalá se pudiera vivir sin dolor, pero no es así, es inevitable y sentirlo es nuestra obligación, por ridícula que pueda parecer esta aseveración. La sensibilidad ante la desventura propia o ajena, no nos hace débiles, porque del dolor nace la consciencia por la lucha, y hace escuela de la perseverancia en nuestra existencia. Cuando sientes dolor y lo mitigas, cuando lo vences… llega esa sensación indescriptible de sedación que, paradójico de nuevo, narcotiza tu ser y te hace sentir, sobre todo: VIVO.

Saludos desde El Olimpo

Afrodita Repipi

* Afronota: Inspirado por mi amigo Fran, ese tuareg de alma cristalina.

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One thought on “LAS EDADES DEL DOLOR*

  1. Querida Afrodita, es indudable la sensación q describes….yo mismo he llegado a padecerla pero los amigos no se pierden, creemos en algún momento de la relación q sí…pero el verdadero amigo perdura x siempre. Saludos desde el Sahara

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